Hace tiempo que vengo observando cómo algunas belugas que han sido trasladadas desde acuarios y parques que han cerrado a otros lugares están muriendo poco después de llegar a sus nuevos destinos.
Esto me ha llevado a reflexionar sobre algo que los animales me han compartido muchas veces a través de la comunicación animal: el propósito que cada uno de ellos tiene en el lugar donde vive, incluso cuando ese lugar es el cautiverio.
A lo largo de los años, muchos animales me han mostrado que su presencia en determinados lugares está vinculada a una enseñanza, a un propósito que, en ocasiones, deja de tener sentido cuando son trasladados a otro espacio. Y es entonces cuando la muerte puede presentarse como una liberación, como una transición natural, sin el dramatismo con el que solemos vivirla los humanos.
Por eso quise hablar con Yulka, una beluga muy especial para mí, que vive en el Oceanogràfic de Valencia. La conozco desde hace muchos años y fue el primer cetáceo con el que trabajé a través de la comunicación animal y la sanación. Desde entonces, hemos compartido muchos encuentros y su historia ha estado muy presente en mis cursos.
Después de conocer las muertes de varias belugas y los cambios que se han producido en su entorno, sentí la necesidad de preguntarle qué estaba sucediendo.
Yulka me habló de la muerte, pero, sobre todo, me habló de la vida, del propósito y de aquello que dejamos de vivir cuando nos resistimos a soltar.
Hoy quiero compartir con vosotros su mensaje.
"Hola, amiga querida.
Llega la hora de despedirse de muchos, y este lugar se convierte en tumba para algunos. Pero no tiene por qué ser igual para todos, del mismo modo que la muerte tampoco es igual para todos. Hay mucho que contar sobre la muerte.
Tili sigue viviendo feliz al otro lado. Nadan juntos (Siento la energía de Tilikum, una orca que murió hace algunos años y que fue también una experiencia que acompañé con la comunicación animal). Las sirenas os han enseñado mucho sobre la importancia de la vida y de la muerte, y sobre cómo, en ese juego, no existe la una sin la otra.
El mayor temor en la vida es dejar de permanecer en ella. En cambio, en la muerte, si pudiera existir algún temor, sería el de permanecer en ella. No hay libertad sin movimiento, sin fluir. Y así, el mayor temor de la vida impide comprender el verdadero desarrollo de la muerte.
Si fuerais capaces de ser honestas con vosotras mismas, entenderíais esa sensación y dejaríais de postergar la vida. Porque cuando sentís que la muerte se está postergando, no es así. Nadie tiene ese poder, te lo aseguro.
Si lo ves o lo sientes en quien tienes enfrente, es tu propia vida la que estás postergando, no la muerte del otro.
Duele contemplarlo, porque es un acto cruel contra una misma. Nadie puede hacerlo por ti. Eres tú quien lo hace.
Vivir de nuevo siempre es posible.
No importa la condición, la edad, la situación ni el movimiento que haya que realizar. Solo hay que quererlo y ponerse en acción. Muchas belugas vienen a morir aquí porque su propósito ya se cumplió en aquella tierra. Aquí no lo tenían, y eso era un peso enorme. No hay serenidad en una vida compleja sin propósito.
El propósito es nuestra mayor esperanza y, a la vez, el motor que nos mueve. Ellos están en paz.
Recuerdan la lluvia fría, el olor del hielo y los cantos de la terraza helada. Sus madres les cantan su canción.
Cántala con ellos.
Cántala con ellos.
Escucha la voz del hielo…
Mamayisamamacu…
Mamayisamamacu…
Mamayisamamacu…
Te amamos. Siempre te recordamos aquí, con nosotras.
Sigue avanzando, como siempre haces."
Yulka a través de Asia Moana.

